Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XI. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de febrero de 2015

San Simeón el Nuevo Teólogo



"Comulgo con fuego, yo que no soy sino paja, pero -oh milagro- me encuentro de repente ardiendo sin consumirme, como en otro tiempo la zarza ardiente de Moisés".

Tiempo de Cuaresma; tiempo de Espíritu.


lunes, 22 de septiembre de 2014

San Yvo de Chartres. Sermones.



"Así la natividad, por la que Cristo ha nacido en el tiempo, no es diferente de la natividad por la que el cristiano nace espiritualmente. En efecto, lo mismo que la madre de Cristo ha concebido en la virginidad, ha dado a luz en la virginidad, ha permanecido en la virginidad, así la Madre Iglesia, Esposa de Cristo, en la fuente del Sacramento, engendra cada día, en el Verbo, a los pueblos cristianos, permaneciendo virgen. En una se antepone la integridad de la carne, en otra la pureza de la fe".

La pureza de la fe asegura la integridad de la carne.

martes, 17 de junio de 2014

San Pedro Damián. Carta 28.



"La Iglesia de Cristo está unida por el vínculo de la caridad hasta el punto de que, como es una en muchos miembros, también está totalmente reunida de manera mística en uno solo de sus miembros; de forma que toda la Iglesia Universal se llama justamente única Esposa de Cristo en singular, y cada alma elegida, por el misterio sacramental, se considera plenamente Iglesia".

En todos uno, el cuerpo de Cristo, plenitud de la Iglesia, no negocia su santidad sopesando el número de los elegidos.


jueves, 5 de junio de 2014

Elías el Ecdicos.



"El cuerpo no se purifica sin el ayuno y la vigilia, ni el alma sin la misericordia y la verdad, ni el intelecto sin la contemplación y la conversación con Dios".


El intelecto ayuna contemplando la misericordia de Dios. ¡Y es tan simple su purificación!


domingo, 9 de marzo de 2014

Jean de Fécamp. Libellus Precum.



"Y porque es más preciosa a tu mirada la oblación del corazón, he aquí que te presento de grado y contento, por el don de tu misericordia, mis ofrendas de alabanza con fe no fingida y con conciencia pura" (Libellus Precum).


¿Es posible aún no fingir una conciencia pura? ¿Es posible trascender la mirada panóptica de una sociedad digital? ¿Dónde la santa simplicidad de una ofrenda contemplativa? En la pura esperanza, ¿permanece fiel el corazón?